sábado, 26 de julio de 2014

Sobre la deuda externa argentina

REFLEXIONES SOBRE LA DEUDA EXTERNA.

Algunos datos de la deuda externa argentina

¿De qué hablamos al hablar de la deuda externa en nuestro país? Hablamos de un proceso nefasto comenzado con la dictadura genocida y continuado vergonzosamente por todos los gobiernos democráticos de 1983 a la actualidad. Gobiernos que han pagado año tras año, una deuda que se ha saldado fácilmente dos veces y que se sigue pagando sin siquiera plantearse la legalidad de los contratos –muchos de ellos vergonzosos- que han claudicado de la soberanía, la justicia y el derecho. Una deuda cuya ilegalidad está probada en sus orígenes  (fallo del juez Ballestero del 13 de julio del 2000) y cuyos contratos posteriores están denunciados ante la justicia federal en una causa que aún se tramita; una deuda que el Congreso de la Nación debería examinar decididamente activando la Comisión creada a tales efectos. Hablamos de una losa pesadísima sobre las jubilaciones, los salarios y el futuro de los argentinos.

Según el presupuesto para el 2013 hubo vencimientos por  186.000 M$ (36.500 MD) y se preveía tomar deuda por 247.700 M$ (48.600 MD); con lo que el stock de la deuda aumentaó en 61.700 M$ (12.100 MD). Esto implica que la deuda crece, no decrece.

Si tomamos estos datos, la deuda pública nacional bruta asciende –en 2013- a 178.963 millones de dólares sin tomar en cuenta la deuda no presentada al canje (que habrá que pagar y entre los que se encuentra el fondo NML que nos tiene contra las cuerdas a instancias de juez Griesa, un gris juez de primera instancia Neoyorkino), ni el pago al Club de Paris (9.000 MD más)[1].

El gobierno no quiere mostrar ante la opinión pública que está batiendo récords de pago de la deuda pública argentina y usa la palabra –eufemística- “desendeudamiento” en lugar de decir “pago”, lo cual tampoco es rigurosamente cierto, dado que no es que se paga y se descuenta de la deuda sino que se hace un cambio de deuda: se le paga a un acreedor endeudándose con otro; se paga con deuda del propio Estado. Y –como se desprende de los mismos números del presupuesto Nacional aprobado por el Congreso- esa deuda crece.

Según también el informe del Ministerio de Economía el 49,9% de la deuda es intra Estado: se le debe al Anses, al Banco Central y al Banco de la Nación. Es decir que con plata de los jubilados se paga a acreedores privados  externos. Queda claro de qué se habla cuando se usa el eufemismo “desendeudamiento”.

Algunas consideraciones

Más allá de las numerosas consideraciones que se pueden seguir haciendo acerca de la flagrante ilegalidad de la deuda, la necesidad de hacer una auditoría imparcial y demás cuestiones políticas, quiero detenerme en el aspecto ético de esta trampa del capitalismo que se llama deuda externa.

Es claro que el juego de los grandes capitales de los países centrales es prestar y mantener endeudados a los países periféricos para que nunca puedan pagar y así deban seguir pidiendo, para seguir pagando, de este modo se recurren a contratos leoninos (gestionados por los mismos bancos que hacen negocio con el endeudamiento perpetuo) y a intereses usurarios…El sistema, como se ve, funciona.

Es claro también que los que pagan son los de siempre: los más pobres. Los que financian la deuda externa argentina son las provincias (dado que dinero del tesoro nacional va a pagar esa deuda), la paga el Banco Central, es decir las reservas para mantener la estabilidad económica de la moneda; y la pagan los jubilados dado que también se paga con dinero del Anses.

La deuda es un tema que clama al cielo, justamente porque es una estructura que se cierne opresivamente sobre las vidas de los más pobres. Esta inequidad y desigualdad hablan por sí mismas: mientras el Estado Nacional paga religiosamente y continúa endeudándose con plata de los jubilados y del pueblo argentino; cada vez más familias se amontonan en comedores populares, crecen las familias sin vivienda, decae la educación y la salud pública, proliferan los subsidios para contener la pobreza, crecen los planes sociales y no crece la distribución genuina de la riqueza porque la concentración de las riquezas es aún muy desigual (el 10% más rico gana 16 veces más que el 10% más pobre…según datos oficiales). Un sistema que clama al cielo.

Y se silencian porque tanto las corporaciones como los medios oficiales han tenido y tienen importantes intereses en juego. Como dice John Perkins “Las cosas no son lo que parecen. La mayoría de nuestros diarios, revistas y editoriales pertenecen a grandes compañías internacionales que los manipulan a su gusto. Nuestros medios forman parte de la corporatocracia. Los presidentes y los directores de casi todas nuestras redes de información saben muy bien cuál es su papel: durante toda su vida se les repite que una de sus funciones más importantes es perpetuar, reforzar y extender el sistema que han heredado. Lo hacen con gran eficacia y pueden mostrarse impiadosos si uno se les opone.”[2]

Y uno no puede dejar de percibir que hay algo profundamente injusto en todo esto. Algo que no anda bien de raíz en este sistema capitalista que, como su nombre lo indica, está fundado en el capital y no en el trabajo. Un sistema en el que el trabajo, es decir las personas, son una  mercancía que se compra y se vende, no puede terminar bien.

Es claro que este sistema se sostiene sólo si algunos (muchos) pierden, para que otros ganen. Eso queda claramente demostrado en la trampa del endeudamiento perpetuo.

Y los que pierden son, ya se sabe, los más débiles. Lo retrata hondamente el obispo Pedro Casaldáliga en su libro “La deuda de la muerte”: “Nacer endeudado, vivir endeudado, morir endeudado… es el destino de todos los pobres del tercer mundo, el sino fatal de nuestra América. Y ser endeudado así equivale a ser prohibido de la vida. Deuda Externa es muerte interna. Acabamos habituándonos a esta guerra total, la más mortífera de cuantas guerras registra la historia humana. La expresión máxima de dominación internacional. El crimen mayor del capitalismo. Guerra, dominación, crimen, por otra parte cínicamente justificado en el derecho internacional: se trata de una “deuda”, y la deuda es un deber y un derecho, las deudas se pagan… Nuestros políticos, los organismos internacionales, la conciencia desmovilizada o subsirviente van haciendo de la deuda externa la constitución real de nuestros pueblos sometidos”.




[1] Datos de la Oficina Nacional de Crédito Público; MECON 30-06-13
[2] John Perkins, Les confessions d´un assasin financier, Québec, Alterre, Outremont, 2005, p. 253.

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