REFLEXIONES SOBRE LA DEUDA
EXTERNA.
Algunos datos de la deuda
externa argentina
¿De qué hablamos al hablar de la deuda externa en nuestro país? Hablamos
de un proceso nefasto comenzado con la dictadura genocida y continuado
vergonzosamente por todos los gobiernos democráticos de 1983 a la actualidad.
Gobiernos que han pagado año tras año, una deuda que se ha saldado fácilmente
dos veces y que se sigue pagando sin siquiera plantearse la legalidad de los
contratos –muchos de ellos vergonzosos- que han claudicado de la soberanía, la
justicia y el derecho. Una deuda cuya ilegalidad está probada en sus orígenes (fallo del juez Ballestero del 13 de julio del
2000) y cuyos contratos posteriores están denunciados ante la justicia federal
en una causa que aún se tramita; una deuda que el Congreso de la Nación debería examinar
decididamente activando la Comisión creada a tales efectos. Hablamos de una
losa pesadísima sobre las jubilaciones, los salarios y el futuro de los
argentinos.
Según el presupuesto para el 2013 hubo vencimientos por 186.000 M$ (36.500 MD) y se preveía tomar
deuda por 247.700 M$ (48.600 MD); con lo que el stock de la deuda aumentaó en
61.700 M$ (12.100 MD). Esto implica que la deuda crece, no decrece.
Si tomamos estos datos, la deuda pública nacional bruta asciende –en 2013-
a 178.963 millones de dólares sin tomar en cuenta la deuda no presentada al
canje (que habrá que pagar y entre los que se encuentra el fondo NML que nos
tiene contra las cuerdas a instancias de juez Griesa, un gris juez de primera
instancia Neoyorkino), ni el pago al Club de Paris (9.000 MD más)[1].
El gobierno no quiere mostrar ante la opinión pública que está batiendo
récords de pago de la deuda pública argentina y usa la palabra –eufemística-
“desendeudamiento” en lugar de decir “pago”, lo cual tampoco es rigurosamente
cierto, dado que no es que se paga y se descuenta de la deuda sino que se hace
un cambio de deuda: se le paga a un acreedor endeudándose con otro; se paga con
deuda del propio Estado. Y –como se desprende de los mismos números del
presupuesto Nacional aprobado por el Congreso- esa deuda crece.
Según también el informe del Ministerio de Economía el 49,9% de la
deuda es intra Estado: se le debe al Anses, al Banco Central y al Banco de la Nación. Es decir que
con plata de los jubilados se paga a acreedores privados externos. Queda claro de qué se habla cuando
se usa el eufemismo “desendeudamiento”.
Algunas consideraciones
Más allá de las numerosas consideraciones que se pueden seguir haciendo
acerca de la flagrante ilegalidad de la deuda, la necesidad de hacer una
auditoría imparcial y demás cuestiones políticas, quiero detenerme en el
aspecto ético de esta trampa del capitalismo que se llama deuda externa.
Es claro que el juego de los grandes capitales de los países centrales
es prestar y mantener endeudados a los países periféricos para que nunca puedan
pagar y así deban seguir pidiendo, para seguir pagando, de este modo se
recurren a contratos leoninos (gestionados por los mismos bancos que hacen
negocio con el endeudamiento perpetuo) y a intereses usurarios…El sistema, como
se ve, funciona.
Es claro también que los que pagan son los de siempre: los más pobres.
Los que financian la deuda externa argentina son las provincias (dado que
dinero del tesoro nacional va a pagar esa deuda), la paga el Banco Central, es
decir las reservas para mantener la estabilidad económica de la moneda; y la
pagan los jubilados dado que también se paga con dinero del Anses.
La deuda es un tema que clama al cielo, justamente porque es una
estructura que se cierne opresivamente sobre las vidas de los más pobres. Esta
inequidad y desigualdad hablan por sí mismas: mientras el Estado Nacional paga
religiosamente y continúa endeudándose con plata de los jubilados y del pueblo
argentino; cada vez más familias se amontonan en comedores populares, crecen
las familias sin vivienda, decae la educación y la salud pública, proliferan
los subsidios para contener la pobreza, crecen los planes sociales y no crece
la distribución genuina de la riqueza porque la concentración de las riquezas
es aún muy desigual (el 10% más rico gana 16 veces más que el 10% más
pobre…según datos oficiales). Un sistema que clama al cielo.
Y se silencian porque tanto las corporaciones como los medios oficiales
han tenido y tienen importantes intereses en juego. Como dice John Perkins “Las cosas no son lo que parecen. La mayoría
de nuestros diarios, revistas y editoriales pertenecen a grandes compañías
internacionales que los manipulan a su gusto. Nuestros medios forman parte de
la corporatocracia. Los presidentes y los directores de casi todas nuestras
redes de información saben muy bien cuál es su papel: durante toda su vida se
les repite que una de sus funciones más importantes es perpetuar, reforzar y
extender el sistema que han heredado. Lo hacen con gran eficacia y pueden
mostrarse impiadosos si uno se les opone.”[2]
Y uno no puede dejar de percibir que hay algo profundamente injusto en
todo esto. Algo que no anda bien de raíz en este sistema capitalista que, como
su nombre lo indica, está fundado en el capital y no en el trabajo. Un sistema
en el que el trabajo, es decir las personas, son una mercancía que se compra y se vende, no puede
terminar bien.
Es claro que este sistema se sostiene sólo si algunos (muchos) pierden,
para que otros ganen. Eso queda claramente demostrado en la trampa del
endeudamiento perpetuo.
Y los que pierden son, ya se sabe, los más débiles. Lo retrata
hondamente el obispo Pedro Casaldáliga en su libro “La deuda de la muerte”: “Nacer endeudado, vivir endeudado, morir
endeudado… es el destino de todos los pobres del tercer mundo, el sino fatal de
nuestra América. Y ser endeudado así equivale a ser prohibido de la vida. Deuda
Externa es muerte interna. Acabamos habituándonos a esta guerra total, la más
mortífera de cuantas guerras registra la historia humana. La expresión máxima
de dominación internacional. El crimen mayor del capitalismo. Guerra,
dominación, crimen, por otra parte cínicamente justificado en el derecho
internacional: se trata de una “deuda”, y la deuda es un deber y un derecho,
las deudas se pagan… Nuestros políticos, los organismos internacionales, la
conciencia desmovilizada o subsirviente van haciendo de la deuda externa la
constitución real de nuestros pueblos sometidos”.
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