“CONÓCETE A TI MISMO”
Se cuenta que
Sócrates (469 – 399 a. C.) encontró su vocación filosófica al leer la
sentencia: “conócete a ti mismo” escrita en el templo de Delfos.
Esta frase
generó un profundo impacto en él. De allí nació su gran revelación: La verdad
está en el interior mismo de la persona. Todo el proceso consiste en
descubrirla y hacerla salir, darla a luz como una partera ayuda a alumbrar a la
madre parturienta.
Esa intuición
que encierra la frase de Sócrates ha sido retomada de muy diversas maneras a lo
largo de la historia del pensamiento. Distintos pensadores han vuelto a esa
idea de fondo: la verdad no está afuera, sino adentro. Hay que saber buscarla. Tal
vez uno de los campos disciplinares que sostiene esto con más claridad sea la
psicología.
Esta verdad
socrática es tal vez la piedra fundamental de la construcción de un proyecto de
vida y es referencia ineludible al hablar de vocación u orientación vocacional.
Encontrar la vocación es encontrar un deseo que da sentido a la vida toda; y el
deseo está dentro, hay que descubrirlo, escucharlo, alimentarlo y comprometerse
asumiendo todas las consecuencias.
Muchas veces se
identifica vocación con elección de una carrera. Un gran error, dado que la
carrera es algo instrumental en la vida (en todo caso responde a qué herramienta
me ayudará a vivir mi vocación); la vocación es algo existencial, algo que toma
toda la vida y compromete toda la existencia. La vocación responde al deseo que
orienta y mueve toda la vida, tiene que ver con las motivaciones más profundas. Y eso implica autoconocimiento.
Pero uno de los
grandes problemas es que vivimos en una sociedad que nos saca constantemente
afuera de nosotros mismos y escasea el autoconocimiento personal. Porque eso
implica interioridad, espacios de reflexión, de silencio, de gratuidad Y eso no abunda: nos atiborramos de
obligaciones o distracciones, y entonces vivimos respondiendo a demandas de otros
(la familia, la pareja, los amigos, los centros educativos), o a estímulos de
otros (los medios, internet, celular, etc, etc.). Y estamos lejos de lo que
está más cerca: nosotros mismos, nuestra propia interioridad; con lo que
estamos más lejos de la fuente de la propia vocación. Una vocación de vida sólo
puede florecer en espacios de autoconciencia e interioridad, para saber qué
quiero, hacia dónde debo orientarme. La desorientación es proporcional al
alejamiento y desconocimiento de si mismo.
Por lo general
también las carreras se eligen por gustos, o por conveniencias. Se utilizan
clichés esteriotipados para elegir (lo que va a permitir vivir un estilo de
vida que uno se imagina satisfactorio, “lo que me va a dar de comer a mí y a mi
familia”, lo que tiene “más salida laboral”…etc) Esto es elegir a muy corto
plazo. Y se evade la búsqueda más importante, esa que lleva a sí mismo, a descubrir
aquello para lo que uno se siente hecho, aquello sin lo que no podría vivir.
Los cristianos hablamos de encontrar lo que Dios quiere para la propia vida. Eso
implica búsqueda.
Con todo esto
quiero decir que la orientación vocacional no es básicamente una cuestión de elección
de carrera, aunque eso pueda ser parte del problema; es más bien una búsqueda
interior respecto del sentido de la propia vida. Encontrar el deseo que anima
la vida entera, lo que uno se siente llamado a ser, más que a hacer.
Para abordar esa
búsqueda, ya Sócrates nos señaló el camino: “Conócete a ti mismo”.
Rafael Velasco,
sj
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