lunes, 28 de julio de 2014

conócete a ti mismo

“CONÓCETE A TI MISMO”

Se cuenta que Sócrates (469 – 399 a. C.) encontró su vocación filosófica al leer la sentencia: “conócete a ti mismo” escrita en el templo de Delfos.
Esta frase generó un profundo impacto en él. De allí nació su gran revelación: La verdad está en el interior mismo de la persona. Todo el proceso consiste en descubrirla y hacerla salir, darla a luz como una partera ayuda a alumbrar a la madre parturienta.

Esa intuición que encierra la frase de Sócrates ha sido retomada de muy diversas maneras a lo largo de la historia del pensamiento. Distintos pensadores han vuelto a esa idea de fondo: la verdad no está afuera, sino adentro. Hay que saber buscarla. Tal vez uno de los campos disciplinares que sostiene esto con más claridad sea la psicología.

Esta verdad socrática es tal vez la piedra fundamental de la construcción de un proyecto de vida y es referencia ineludible al hablar de vocación u orientación vocacional. Encontrar la vocación es encontrar un deseo que da sentido a la vida toda; y el deseo está dentro, hay que descubrirlo, escucharlo, alimentarlo y comprometerse asumiendo todas las consecuencias.

Muchas veces se identifica vocación con elección de una carrera. Un gran error, dado que la carrera es algo instrumental en la vida (en todo caso responde a qué herramienta me ayudará a vivir mi vocación); la vocación es algo existencial, algo que toma toda la vida y compromete toda la existencia. La vocación responde al deseo que orienta y mueve toda la vida, tiene que ver con las motivaciones más profundas.  Y eso implica autoconocimiento.

Pero uno de los grandes problemas es que vivimos en una sociedad que nos saca constantemente afuera de nosotros mismos y escasea el autoconocimiento personal. Porque eso implica interioridad, espacios de reflexión, de silencio, de gratuidad  Y eso no abunda: nos atiborramos de obligaciones o distracciones, y entonces vivimos respondiendo a demandas de otros (la familia, la pareja, los amigos, los centros educativos), o a estímulos de otros (los medios, internet, celular, etc, etc.). Y estamos lejos de lo que está más cerca: nosotros mismos, nuestra propia interioridad; con lo que estamos más lejos de la fuente de la propia vocación. Una vocación de vida sólo puede florecer en espacios de autoconciencia e interioridad, para saber qué quiero, hacia dónde debo orientarme. La desorientación es proporcional al alejamiento y desconocimiento de si mismo.

Por lo general también las carreras se eligen por gustos, o por conveniencias. Se utilizan clichés esteriotipados para elegir (lo que va a permitir vivir un estilo de vida que uno se imagina satisfactorio, “lo que me va a dar de comer a mí y a mi familia”, lo que tiene “más salida laboral”…etc) Esto es elegir a muy corto plazo. Y se evade la búsqueda más importante, esa que lleva a sí mismo, a descubrir aquello para lo que uno se siente hecho, aquello sin lo que no podría vivir. Los cristianos hablamos de encontrar lo que Dios quiere para la propia vida. Eso implica búsqueda.

Con todo esto quiero decir que la orientación vocacional no es básicamente una cuestión de elección de carrera, aunque eso pueda ser parte del problema; es más bien una búsqueda interior respecto del sentido de la propia vida. Encontrar el deseo que anima la vida entera, lo que uno se siente llamado a ser, más que a hacer.

Para abordar esa búsqueda, ya Sócrates nos señaló el camino: “Conócete a ti mismo”.


Rafael Velasco, sj

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