HACER EL AMOR
“Llamamos amor a
demasiadas cosas”, dice en un bellísimo poema, Santiago Sylvester. Es verdad,
una de las palabras más banalizadas es la palabra amor. Y el verbo que la
involucra: hacer el amor.
Todos vivimos
intentando amar y ser amados. De eso se trata la vida: ser conocidos como de
verdad somos por alguien y ser aceptados y valorados así como somos. Cuando eso
acontece, acontece el milagro. Cuando somos capaces de eso mismo: conocer,
aceptar y valorar al otro como es, con sus grandezas y miserias, ahí se
vislumbra el amor.
Platón entre nosotros
Durante siglos la
doctrina de la Iglesia Católica
respecto del cuerpo y la sexualidad estuvo fuertemente contaminada (uso a
propósito el término) de Platonismo.
En su intento por
ser aceptada como una filosofía de verdad, el pensamiento cristiano adoptó las
categorías platónicas, seducido por la luminosidad del pensamiento griego. La
división platónica entre mundo de las ideas y mundo de lo pasajero (la doxa)
devino en la división antropológica: alma – cuerpo; en la que el alma reúne lo
bueno (por lo tanto es la que debe ser “salvada”) y el cuerpo es la fuente de
limitación y maldad. Por eso se hablaba de inmortalidad del alma, de salvar el
alma, y poco –a pesar de que está en el Credo- de la resurrección de la Carne. Desde esta
visión negativa de la carne y lo corporal, el placer y todo lo corporal debía
ser mortificado y tenido bajo control.
La visión
neo-platónica puso bajo sospecha el placer y todo lo que tenga que ver con él.
Allí entraba claramente el mundo de la sexualidad, o mejor dicho del placer sexual.
Siendo el placer peligroso…y sospechoso, debía estar fuertemente normado y
reglado.
Qué dice la palabra de Dios
Esta concepción
dual del ser humano (alma – cuerpo) no es la concepción bíblica. La Biblia , deudora del
pensamiento hebreo integra. Ve al ser humano como una unidad es espíritu
encarnado o cuerpo espiritualizado. Es una unidad, no un compuesto de dos
principios en lucha. Delante de Dios está el hombre en su totalidad. El
salmista –y la carta a los Hebreos en el Nuevo Testamento- llega a decir: “Tú
–Dios- no quieres sacrificios ni holocaustos, por eso me diste un cuerpo”. No
dice me diste un alma, dice me diste un cuerpo como la expresión del hombre en
su totalidad.
En el libro del
génesis, en el relato de la creación se lee que vio Dios que todo era bueno y
cuando crea al varón y la mujer dice que era muy bueno. Por lo tanto todo lo
humano –la sexualidad también, por cierto- es muy bueno.
Si uno lee
atentamente los evangelios verá muy pronto que Jesús tiene una visión muy
positiva de la relación varón – mujer (tiene discípulas y amigas), y a su vez
habla poquísimo de sexo y del placer sexual. Rara vez se detiene a condenar los
“pecados sexuales”. Habla, sí, mucho y muy duramente sobre los pecados contra
el amor, se indigna contra las injusticias fruto de la codicia y la explotación
del hombre por el hombre. Es muy duro con la hipocresía religiosa y con la
falta de misericordia.
Sin embargo, todo
hay que decirlo, –aún hoy en muchos sectores dentro de la Iglesia Católica-
se valora más duramente los pecados contra el sexto y el noveno mandamiento
(que involucran conductas sexuales desordenadas) llegando incluso a negarse la
comunión por esa causa, mientras que los pecados contra la justicia, la caridad
y la fraternidad, aparecen como faltas no tan graves. Una distorsión respecto
de los intereses de Jesús.
La visión Cristiana
La sexualidad –desde
la concepción cristiana y particularmente católica- es la expresión de algo muy
profundo. Uno frente al otro, varón y mujer, entregándose sus cuerpos, que es
–como ya se ve- la persona misma, en una ofrenda de la propia intimidad, es
decir de lo más propio de cada uno. Eso es hacer el amor. Porque propiamente,
el cuerpo es la frontera del alma, o dicho mejor: la corporeidad es la
manifestación del espíritu, de lo que el ser humano es. Por lo tanto el amor se
hace con el cuerpo, con acciones corporales, con expresiones del cuerpo que dan
y reciben placer intentando hacer feliz al otro y encontrando así felicidad.
Y eso implica
entrega mutua, darse y recibirse como cada uno es y viene; implica un
compromiso con la intimidad del otro y una responsabilidad con el otro y por el
otro, porque genera lazos muy hondos, profundamente personales.
Cuando la relación
sexual no se da en ese contexto de entrega, de responsabilidad por el otro y
ante el otro, de compromiso; es decir cuando está desprovisto de amor, entonces
se abarata y se banaliza lo más sagrado de la persona.
Por eso mismo para
un cristiano eso es sagrado, es signo del amor que Dios tiene a los hombres,
que es un amor de entrega y de aceptación incondicional del otro como viene.
Por eso los Católicos lo hacemos sacramento, es decir signo de la presencia de
Dios.
Como se ve el
placer sexual es signo claro de algo muy profundo y humano. Tan humano que
refleja algo de lo divino en el ser humano. Por eso hacer el amor –cuando
realmente esto acontece- es algo sagrado.
Rafael Velasco, sj
No hay comentarios.:
Publicar un comentario