¿POR QUÉ ES ASUNTO
NUESTRO LA VIDA DE LOS OTROS?
Me llama poderosamente la atención el
entusiasmo que causa la vida de los otros. La fruición con la que consumimos
las vidas ajenas. Basta prender la tele y comprobarlo: montones de programas de
chimentos que relatan las reales o supuestas aventuras y desventuras de las
nuevas “celebridades” o de los “mediáticos” de turno.
Y los noticieros y programas de actualidad van
por el mismo camino: la espectacularización de la vida ajena, de los crímenes,
de los dramas humanos. De pronto, todos entonces, nos encontramos opinando de
un secuestro o de un homicidio, sobre las vidas de los sospechosos o incluso de
las víctimas…sin tener ningún derecho a hacerlo. Por el solo hecho de que está
en la tele ya nos sentimos autorizados a opinar, a hacer conjeturas, a juzgar...
y no pocas veces, a condenar.
La vida de los otros se ha convertido en
espectáculo. Ya lo retrató crudamente la película “The Truman Show”. En ella,
cuando el protagonista (que ha sido
protagonista involuntario de un reality de su vida) decide cortar con todo, las
personas que está siguiendo el show, al comprobar que se acaba se miran y
dicen: “bueno, tendremos que buscar otro programa”. La vida ajena como
programa, como entretenimiento. Ni más ni menos, en eso estamos.
Sin embargo en un sentido profundo, la vida de los otros es asunto nuestro.
Pero no como espectáculo, sino como responsabilidad.
Me explico: ¿ no debería ser asunto nuestro
si hay conciudadanos con hambre, si hay otros a los que no les alcanza para llegar
a fin de mes, si hay otros que no pueden acceder a igualdad de oportunidades en
educación, en salud…frente a la Justicia? Creo que eso sí es asunto nuestro,
como ciudadanos, como seres humanos. Es nuestra responsabilidad.
Emanuel Levinás decía, respecto de la saga de
los hermanos míticos Caín y Abel (Gn. 4, 1 – 16), que al preguntarle Dios a
Caín ¿a dónde está tu hermano? (después de que éste asesinara a su hermano Abel)
se está dando a entender que se es realmente humano si podemos dar una
respuesta a esa pregunta por el hermano
(de ahí viene la palabra responsabilidad: respondum dare). La respuesta de Caín, ya se sabe, es “¿acaso
yo soy el guardián de mi hermano?” (algo así como ¿y a mí qué me importa mi
hermano?). Es la respuesta del que sólo se ocupa de sus asuntos, de sus cosas y
no le importa el otro o los otros. “Los pobres no son asunto nuestro”, los
cartoneros tampoco, los migrantes tampoco, los que tienen unas escasísimas
posibilidades en la escuela tampoco…y así...
Me pregunto si no es esa la respuesta de un
gran sector de la ciudadanía cuando se le interroga por el destino de los
excluidos, los pobres, los marginados. Paradójicamente ese mismo grupo suele
ser el que consume las vidas - espectáculo. Pienso que el combo: irresponsabilidad
social y política junto con consumo de vidas espectáculo, deja el camino
expedito a los Caínes de turno, que medran con el negocio de las vidas
espectáculo, mientras pergeñan la muerte de Abel por la droga, la incuria
pública, la marginalidad, etc.
¿Por qué es asunto nuestro la vida de los
otros? Porque si no nos hacemos responsables terminaremos siendo meros
espectadores de lo que hacen los caínes contemporáneos.
Y en este cambalache, muchos Caínes se Abelizan y el público se lo cree. Así estamos. No podemos con lo nuestro pero hacemos catarsis (transpolamos, proyectamos o como se diga) mirando en los otros los defectos (que en realidad poseemos nosotros) para criticarlos. Ahora, ojo, si le tengo que dar una mano, me acuerdo que "dejé la leche en el fuego!"
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