sábado, 26 de julio de 2014

La vida de los otros

¿POR QUÉ ES ASUNTO NUESTRO LA VIDA DE LOS OTROS?

Me llama poderosamente la atención el entusiasmo que causa la vida de los otros. La fruición con la que consumimos las vidas ajenas. Basta prender la tele y comprobarlo: montones de programas de chimentos que relatan las reales o supuestas aventuras y desventuras de las nuevas “celebridades” o de los “mediáticos” de turno.

Y los noticieros y programas de actualidad van por el mismo camino: la espectacularización de la vida ajena, de los crímenes, de los dramas humanos. De pronto, todos entonces, nos encontramos opinando de un secuestro o de un homicidio, sobre las vidas de los sospechosos o incluso de las víctimas…sin tener ningún derecho a hacerlo. Por el solo hecho de que está en la tele ya nos sentimos autorizados a opinar, a hacer conjeturas, a juzgar... y no pocas veces, a condenar.

La vida de los otros se ha convertido en espectáculo. Ya lo retrató crudamente la película “The Truman Show”. En ella, cuando  el protagonista (que ha sido protagonista involuntario de un reality de su vida) decide cortar con todo, las personas que está siguiendo el show, al comprobar que se acaba se miran y dicen: “bueno, tendremos que buscar otro programa”. La vida ajena como programa, como entretenimiento. Ni más ni menos, en eso estamos.

Sin embargo en un sentido profundo, la vida de los otros es asunto nuestro. Pero no como espectáculo, sino como responsabilidad.

Me explico: ¿ no debería ser asunto nuestro si hay conciudadanos con hambre, si hay otros a los que no les alcanza para llegar a fin de mes, si hay otros que no pueden acceder a igualdad de oportunidades en educación, en salud…frente a la Justicia? Creo que eso sí es asunto nuestro, como ciudadanos, como seres humanos. Es nuestra responsabilidad.

Emanuel Levinás decía, respecto de la saga de los hermanos míticos Caín y Abel (Gn. 4, 1 – 16), que al preguntarle Dios a Caín ¿a dónde está tu hermano? (después de que éste asesinara a su hermano Abel) se está dando a entender que se es realmente humano si podemos dar una respuesta a esa pregunta  por el hermano (de ahí viene la palabra responsabilidad: respondum dare).  La respuesta de Caín, ya se sabe, es “¿acaso yo soy el guardián de mi hermano?” (algo así como ¿y a mí qué me importa mi hermano?). Es la respuesta del que sólo se ocupa de sus asuntos, de sus cosas y no le importa el otro o los otros. “Los pobres no son asunto nuestro”, los cartoneros tampoco, los migrantes tampoco, los que tienen unas escasísimas posibilidades en la escuela tampoco…y así...

Me pregunto si no es esa la respuesta de un gran sector de la ciudadanía cuando se le interroga por el destino de los excluidos, los pobres, los marginados. Paradójicamente ese mismo grupo suele ser el que consume las vidas - espectáculo. Pienso que el combo: irresponsabilidad social y política junto con consumo de vidas espectáculo, deja el camino expedito a los Caínes de turno, que medran con el negocio de las vidas espectáculo, mientras pergeñan la muerte de Abel por la droga, la incuria pública, la marginalidad, etc.


¿Por qué es asunto nuestro la vida de los otros? Porque si no nos hacemos responsables terminaremos siendo meros espectadores de lo que hacen los caínes contemporáneos. 

1 comentario:

  1. Y en este cambalache, muchos Caínes se Abelizan y el público se lo cree. Así estamos. No podemos con lo nuestro pero hacemos catarsis (transpolamos, proyectamos o como se diga) mirando en los otros los defectos (que en realidad poseemos nosotros) para criticarlos. Ahora, ojo, si le tengo que dar una mano, me acuerdo que "dejé la leche en el fuego!"

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