jueves, 31 de julio de 2014

En construcción...

EN CONSTRUCCIÓN
Identidad juvenil en tiempos difíciles

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan  un año, y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan durante toda una vida, esos son los imprescindibles”
(Bertolt Brecht)

Darwin puso de manifiesto con su teoría de la evolución algo que desde siempre ha ocurrido sociológicamente: en condiciones adversas, sobreviven los más aptos.

Las especies que se extinguieron, no lograron adaptarse a las nuevas condiciones de su medio. Así los predadores o las mismas condiciones ambientales hicieron su trabajo y hoy son un resto fósil en algún museo.

A nivel humano las cosas, lamentablemente, no funcionan de manera muy diversa. Las relaciones humanas cada vez más complejas, las exigencias cada vez más estresantes de un sistema de producción que utiliza al ser humano como una variable más, los estándares de confort cada vez más altos, los criterios de valoración social cada vez más excluyentes, se han transformado –para unos- en los nuevos predadores de la especie humana. Para otros ese predador tiene otros nombres:  hambre,  desnutrición, exclusión social, discriminación.

¿Cómo sobrevivir en ese ámbito? ¿Cómo desarrollar adaptaciones? O mejor aún, ¿cómo construir –junto con otros- un medio mejor?

Una característica de la realidad juvenil es que el joven adviene a una realidad (un medio) que él no construyó. Se incorpora a una sociedad con unos criterios ya preestablecidos sobre lo que es valioso y lo que no lo es, lo que hay que lograr en la vida y lo que debe ser evitado, lo que “hay” que estudiar y lo que no vale la pena, y muchas cosas más. Y por más que los adultos quieran prepararlos para ese mundo, no es posible. Nada reemplaza a la experiencia.

Entonces el choque con ese mundo suele ser traumático. En algunos ese choque produce tal impacto que los deja tirados, heridos y muchas veces mortalmente resentidos contra la sociedad. Otros comprenden rápidamente el juego y tratan de aprender sus reglas para jugarlo y ganar. Son los que “sobreviven”, porque se adaptan, se mimetizan con el sistema y no pocas veces se transforman ellos en predadores. Esto –lamentablemente- es lo que acostumbran a enseñar muchos adultos que hay que hacer; no tan crudamente, con eufemismos y argumentos “razonables”, pero palabras más o menos es lo mismo.

Pero hay otros jóvenes: los que no están conformes con este orden de cosas. Lo sufren, les duele la pobreza, se rebelan contra la injusticia, pero no se quedan a llorar al lado del camino, no se refugian en pequeños grupos de fuga (la droga, el alcohol, las conductas evasivas), sino que intentan –con otros- cambiar el orden de cosas, mejorar el mundo que les ha tocado. Estos son los que utilizan su capacidad de adaptación para cambiar las reglas del juego, entonces ponen su inteligencia al servicio del estudio y de la creatividad, se forman, crecen en interioridad; ponen sus  manos al servicio de mejores causas, ponen el corazón y la voluntad decididos a ser libres y crear espacios de libertad.
Estos son los que  siguen siendo jóvenes siempre.

La juventud cronológica es tiempo de construcción de la propia identidad y de un proyecto personal y comunitario. Las opciones se presentan claras: elegir sentarse a llorar al lado del camino (muchos lo hacen); elegir adaptarse al sistema hasta llegar a ser parte de él (muchos logran buenos dividendos por este camino); o se decide intentar cambiar el orden de las cosas, desde las propias convicciones, jugándose para hacer el mundo un poco mejor.

Estos últimos son los imprescindibles. Estos son los realmente jóvenes a cualquier edad.



Rafael Velasco, sj

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