Mucho
ya se ha dicho y mucho queda por profundizar respecto de la violencia
perpetrada en estos días en París que costó la vida a 17 personas.
Quisiera
detenerme a reflexionar sobre el “cargo” de blasfemia por el que los asesinos camuflados
de religiosidad, ajusticiaron a los miembros del equipo de la revista Charlie
Hebdo.
Técnicamente
las burlas y sátiras de muchas de las tapas y artículos de la revista se
podrían encuadrar en esa definición. Aunque más bien podría adjetivársela de
otras formas: irrespetuosa, corrosiva o estúpida en su empeño por burlarse de
aquellas creencias en las que millones de personas de buena fe ponen su
confianza y por la que muchos entregan sus vidas.
Esa
actitud marcadamente anticlerical (contra los cleros de todas las religiones) y
anti religiosa; es una actitud que puede y debe ser discutida (incluso desde lo
ideológico ya que revela un atraso de pensamiento importante). Sus artículos y
comics pueden ser contestados y hasta repudiados. Pero nunca se puede aceptar
la pretensión de silenciar su voz y mucho menos aceptar bajo ningún punto de vista
un ataque violento.
Los
asesinos de París pretendían “castigar” por blasfemos a los editores de la
revista Charlie Hebdo. Pero aquí los perpetradores de los crímenes se erigieron
en castigadores de esas “blasfemias” sin advertir la paradoja de su propia
blasfemia: la de utilizar el nombre de Dios (y la cobertura ideológica de su
religión) para asesinar en Su Nombre. Si eso no es una auténtica blasfemia, ¿qué
es?
Pero
tal vez no seamos nosotros –que provenimos de otras tradiciones religiosas como
es mi caso- quienes debamos proclamar que eso es una blasfemia. Otros pertenecientes
a su propia familia religiosa tienen que hacer oír su voz más claramente.
Es
verdad que en estos días se ha empezado a escuchar con más decisión y claridad
por parte de creyentes y líderes religiosos musulmanes que ellos no son como
esos asesinos. “No somos ellos”, podría ser la consigna de la inmensa mayoría
de creyentes musulmanes que se han manifestado públicamente. Pero creo que
debería decirse más fuerte, en particular desde su liderazgo político y
religioso, la consigna “ellos no son nosotros”. Es decir, ellos no son
musulmanes verdaderos. Ellos son blasfemos porque usan el nombre de Dios para
matar. Ellos son asesinos.
Burlarse
sin piedad de aquello en lo que mucha gente apuesta su propio sentido para
vivir es cuanto menos discutible. Asesinar en nombre de Dios es una auténtica
blasfemia.
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